lunes, 18 de julio de 2011

Más allá del matre.

Como a muchos niños latinos de los ‘70 y ‘80, la lucha libre formó parte de nuestras infancias llegando a ser casi culto. Par mi Tití Mary era sagrado escuchar a Rickyn Sánchez y luego al hijo de Doña Amélida, Hugo Savinovich, para ella fue algo inesperado las traiciones de Hércules Ayala, Huracán Castillo hijo, Chicky Starr etc. Me fascinaba hablar de esto con ella por la pasión que emanaba su rostro mientras mascaba chicle para disimular el aliento a cigarrillo. Mi tía y yo teníamos algo en común, la lucha libre. Ella me enseñó que era como una novela, pero ella se la creía más que los besos de Johanna Rosaly y El Puma en Cristina Bazán.
Todas las fantasías tienen un destructor de estas. Mi tío, solía asustarme de niño con una máscara de luchador mexicano y unas cadenas que se colocaba alrededor de su cuello. El problema era que él parecía un tablón para albañil, pero su estima estaba en Pandora (Avatar) y pensaba que se veía cool ya que en ese momento sus aspiraciones eran convertirse en luchador profesional. Debía pesar como 125 libras mojadas cuando salía medio jorobado a asustarme, era “tremendo rudo”.
La lucha libre tomó un giro en mi niñez cuando comenzaron a transmitir Titanes en el Ring una serie argentina muy entretenida, que veía en blanco y negro. El campeón era Martín Karadagian y tenía un golpe que llamaba “el cortito”. Para este tiempo yo tenía unos 10 años y conversaba de otras cosas aparte de lucha libre con los adultos de mi familia. Pero un día, luchando con mi primo comencé a gritar: el cortito, el cortito, el cortito, y mi tío me escuchó y me llamó. Ese día me enteré de la cruda realidad, la lucha libre era mentira, mi mundo se derrumbó, peor que cuando descubrí la farsa de los “reyes magos”, que el cuco era la sombra del flamboyán en mi ventana y ya más en mi adolescencia, que Milli Vanilli doblaban. Mi tío me contó que Martín Karadagian era el dueño de la empresa así como Carlos Colón era el de Capitol Sport Promotions. No lo podía creer, el Campeón Universal era el dueño de la empresa, de repente comenzó a tomar sentido lo que Tití Mary me decía, “es como una novela”. Mi tío derrumbó el mito que se había convertido en algo importante en mi corta vida.
Pero mi creencia cambió cuando en 1985, en el Isidoro García de Mayagüez, Michel Martell moría a manos del Invader 1 luego del puño al corazón. Y le pregunté a mi tío sobre lo sucedido, pues si era mentira cómo era posible que alguien muriera. Y de nuevo me mató la fantasía. Martel murió a causa de un desgaste físico y sofocado por el calor, no del puño vendado del Invader1.
Le hago coro a Miguelito, personaje de Mafalda: “De que me sirve ser niño si no me dejan ejercer”. Dale cabeza.

jueves, 14 de julio de 2011

13 Pulgadas

Una de esas noches/madrugadas, en las que la televisión de Puerto Rico te ofrece una variada programación de infomerciales, vi uno de una máquina de ejercicios que te garantiza resultados de revista de esteroides anabólicos. En esta publicidad se repetía constantemente: “The size matters”. Tanto hombres como mujeres lo decían continuamente a lo largo del comercial tan convincente que al final estaba convencido de que el “tamaño importa”, hasta que vi el costo del producto, entonces reflexioné sobre el tamaño y la relación con la belleza, entre otras cosas. Por ejemplo, me preguntaba si el tamaño estaba relacionado con la necesidad de un momento, o si este dependía de lo que era importante para mí. Como sea, no perdí tanto tiempo y desistí de la idea de invertir en el producto, aun reconociendo que el tamaño si importa según el producto y el uso del mismo.
El tamaño juega un papel muy importante para vender. Cuando entro a Sam’s Club en Mayagüez, y luego del cateo en la entrada, están las personas perversas servidoras del mal que te ofrecen una tarjeta de crédito con el gimmick de: “Recibes un 10% de descuento en tu primera compra”; acto seguido se presenta una lluvia de pixeles, alta definición, marcas, denominados smarts, luces, imágenes que se quieren despegar y por supuesto, tamaños. Han bajado tanto de precio que es accesible adquirirlos en tamaños que nunca imaginamos fueran posible tenerlos en nuestras casas, carros, oficina, cuartos, baños, moteles etc. Ya sea en efectivo o a través de un pacto de sangre con Belcebú de plástico, podemos tenerlo desde 40” en adelante, depende de nuestra avaricia y no del tamaño de la habitación. Los televisores de pantalla plana se han quedado con todo.
Recuerdo cuando veía Hawaii 5-0 en casa de mi abuela Carmen en su televisor blanco y negro, en el cuál se buscaban los canales como si fueran emisoras de radio. Ya que soy el hermano mayor de tres, mi única compañía fue la cajita de imágenes hasta que comenzó la fábrica a producir. En mi adolescencia comencé a entender el por qué veía televisión solo en ciertas horas del día y de la noche. Mi padre trabajaba en el Colegio de Mayagüez y como empleado del gobierno en los setenta no recibía un gran salario así que me conformaba con el Panasonic blanco y negro de 13”. Ese amigo/caja/japonés me acompañó hasta mi adolescencia sufriendo en el trayecto cambios que resolvíamos con un gancho de ropa como antena y un alicate para cambiar de canal. Vi las mejores y las peores series de los setenta y ochenta que traducían y emitían los canales de la Isla. En ese mundo imaginé el color del arma con las que Mazinger Z envíaba rayos fotónicos a los “roboces” del Dr. Hell y el Barón Ashler; odié el Planeta de los Simios y todas las películas de Charlton Heston sobre el futuro; vi las pecas de Pippi Langstrumpf como si fueran lunares negros, pero me la imaginé colorá; series como ChiPs, Magnum P.I., MacGyver, Knight Rider, La Isla de la Fantasía, Dukes of Hazzard, La leyenda del Mono Dorado, The A-Team, Starsky & Hutch, El Chavo del 8, El Chapulín Colorado, Arnold (Different Strokes), Three’s Company, escuché a Romero Barceló contestarle a Rafa Bracero: “¿Derrota…qué derrota? , el show de Benny Hill, el estreno en tv de el Padrino y la muerte de Carl Wallenda en vivo, entre otras tantas series y películas que Manolo Urquiza nos presentó.
Para mí fueron suficientes las 13 pulgadas porque al fin y al cabo solo estimularon el engrandecimiento de mi imaginación. Ahora veo las imágenes en tamaños más grandes pero mi imaginación sigue siendo tan dinámica como antes, un poco más exigente, más compleja pero intrigante y emocionante. La imaginación nunca debe ser medida porque estaría limitada a las pulgadas que se le asignen. Como dijo Einstein: “En los momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento”. Aunque prefiero las palabras de Séneca: "Natural es que nos causen mayor admiración las cosas nuevas que las grandes." No necesité más de 13 pulgadas para hacer feliz mi mente. Dale cabezA.

miércoles, 13 de julio de 2011

Si cocina como camina yo me...

En más de una ocasión me he sentado a observar el ganado entrando y saliendo de sus procesos de Marshallización y Walmartización. Es usual ver padres gritando a sus hijos mientras estos les hacen sus números de operas rabiosas intentando convencer, de manera equivocada pero socialmente efectiva, a estos, de alguno que otro antojo. Claro está, los niños desconocen cuan jodío está el país y que sus padres han convertido en chicle sus tarjetas de crédito. Recuerden que: Hay cosas que el dinero no puede comprar, para lo demás está…la pura publicidad, muy efectiva por cierto, pero no es cierto, todo es dinero. No es lo mismo llorar en un Maserati Gran Turismo que en un Kia Rio.
En esos momentos de estudio social me pongo a reflexionar en si existe alguna conexión entre la forma de caminar y el carácter o la personalidad. Veo los orientales que no despegan mucho los pies del piso, cacos con flow, niñas remozadas saltando etapas, personas con talipes equinovarus mejor conocido como zambos, mujeres con una varilla en la espalda, hombres con un brinquito peculiar y movimiento de brazos al son de sus pasos, jovencitas con el último Britto de la moda, y otras con una mezcla de cara con labios pegados y puyús, cachetes apretados como skinny jeans, maquillaje como de embalsamao, aretes como si se tratara de una cena de cívicas, cadenas perpetuas, pulseras de cocolías, cabellos teñidos de ash blond, en todas sus formas y tacos como arma blanca. ¿La conocen? La he visto muchas veces junto al resto del ganado. Su caminar denota su estatus social, entra con gafas al Mall, se la coloca en su cabeza para que le aguante el cabello, mientras guarda el llavero con el bíper de su carrito europeo en un saco que llama cartera.
Los hombres que caminan con la punta del pie, en muchas ocasiones vienen acompañados de una cara de oficial de fuerza de choque. Sin embargo, si este constantemente se está tocando las manos frente a su pecho mientras camina de puntitas, puede ser que lo tire al medio si lo ve en alguna jugada bochornosa. No es sincero, es que no sabe mentir.
Están los flemáticos que usualmente llevan sus manos dentro de los bolsillos, caminan lentos y apendejados sumidos en un flow natural y antiséptico ante tanta gente, jamás te tocarán y solo saludarán con sus cabezas usando su cuello de bungee, subirá y caerá pero no se despegará. La seguridad al caminar de un hombre va acompañada de cejas Bond, ahí entran los coléricos y sanguíneos. Las coléricas y sanguíneas son veloces como los chorrus rapidus, suspiran por cada paso que tiene que dar y saludan a casi todo el que ven, siempre están apuradas. Ah! Pero están las que mueven el pelo al son del taconeo, esas son hijas de Linda Blair en el Exorcista, lo mueve tanto que casi enroscan el cuello al torso. Estás combinan boca y mirada como si todo lo supieran y lo cogen con calma, en muchas ocasiones sus risas ruidosas vienen acompañadas de sonidos nasales de índole porcino.
Yves Saint Laurent dijo en una ocasión: “Para ser hermosa, lo que una mujer necesita es un suéter negro, unas faldas negras y caminar del brazo de un hombre que ame”. Claro esto lo dijo antes de su colección de otoño. El negro hace ver elegante, serio, respetable al que camina con indumentarias de este color. En la Isla del Espanto hay un dicho que dice: “Si cocina como camina yo me como hasta el pegao”. Peo que pasa si su caminar es vegetariano, o carnívoro, o exótico, o criollo, o dietético. Nada, cambias el menú y ya está. Dale cabeza.