miércoles, 13 de julio de 2011

Si cocina como camina yo me...

En más de una ocasión me he sentado a observar el ganado entrando y saliendo de sus procesos de Marshallización y Walmartización. Es usual ver padres gritando a sus hijos mientras estos les hacen sus números de operas rabiosas intentando convencer, de manera equivocada pero socialmente efectiva, a estos, de alguno que otro antojo. Claro está, los niños desconocen cuan jodío está el país y que sus padres han convertido en chicle sus tarjetas de crédito. Recuerden que: Hay cosas que el dinero no puede comprar, para lo demás está…la pura publicidad, muy efectiva por cierto, pero no es cierto, todo es dinero. No es lo mismo llorar en un Maserati Gran Turismo que en un Kia Rio.
En esos momentos de estudio social me pongo a reflexionar en si existe alguna conexión entre la forma de caminar y el carácter o la personalidad. Veo los orientales que no despegan mucho los pies del piso, cacos con flow, niñas remozadas saltando etapas, personas con talipes equinovarus mejor conocido como zambos, mujeres con una varilla en la espalda, hombres con un brinquito peculiar y movimiento de brazos al son de sus pasos, jovencitas con el último Britto de la moda, y otras con una mezcla de cara con labios pegados y puyús, cachetes apretados como skinny jeans, maquillaje como de embalsamao, aretes como si se tratara de una cena de cívicas, cadenas perpetuas, pulseras de cocolías, cabellos teñidos de ash blond, en todas sus formas y tacos como arma blanca. ¿La conocen? La he visto muchas veces junto al resto del ganado. Su caminar denota su estatus social, entra con gafas al Mall, se la coloca en su cabeza para que le aguante el cabello, mientras guarda el llavero con el bíper de su carrito europeo en un saco que llama cartera.
Los hombres que caminan con la punta del pie, en muchas ocasiones vienen acompañados de una cara de oficial de fuerza de choque. Sin embargo, si este constantemente se está tocando las manos frente a su pecho mientras camina de puntitas, puede ser que lo tire al medio si lo ve en alguna jugada bochornosa. No es sincero, es que no sabe mentir.
Están los flemáticos que usualmente llevan sus manos dentro de los bolsillos, caminan lentos y apendejados sumidos en un flow natural y antiséptico ante tanta gente, jamás te tocarán y solo saludarán con sus cabezas usando su cuello de bungee, subirá y caerá pero no se despegará. La seguridad al caminar de un hombre va acompañada de cejas Bond, ahí entran los coléricos y sanguíneos. Las coléricas y sanguíneas son veloces como los chorrus rapidus, suspiran por cada paso que tiene que dar y saludan a casi todo el que ven, siempre están apuradas. Ah! Pero están las que mueven el pelo al son del taconeo, esas son hijas de Linda Blair en el Exorcista, lo mueve tanto que casi enroscan el cuello al torso. Estás combinan boca y mirada como si todo lo supieran y lo cogen con calma, en muchas ocasiones sus risas ruidosas vienen acompañadas de sonidos nasales de índole porcino.
Yves Saint Laurent dijo en una ocasión: “Para ser hermosa, lo que una mujer necesita es un suéter negro, unas faldas negras y caminar del brazo de un hombre que ame”. Claro esto lo dijo antes de su colección de otoño. El negro hace ver elegante, serio, respetable al que camina con indumentarias de este color. En la Isla del Espanto hay un dicho que dice: “Si cocina como camina yo me como hasta el pegao”. Peo que pasa si su caminar es vegetariano, o carnívoro, o exótico, o criollo, o dietético. Nada, cambias el menú y ya está. Dale cabeza.

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