En las oficinas de médico se reune una subcultura sumamente interesante, la hipocondriomasoquista. Esta subcultura mantiene una competencia de enfermedades y condiciones que la hacen notoria cuando coinciden en sus citas. Allí los presentes se enteran del expediente médico completo así como de su capacidad intelectual la que más bien manifiesta un complejo de inferioridad porque para estos ningún médico sabe nada. Algunos compiten en la categoría de más medicamentos usados y en la de los "receteros" donde demuestran que todavía tienen memoria y diploma de Walgreens College of Drugs. Por ejemplo: las azules se la toman con agua antes de comer, la amarilla media hora después de comer pero con leche, la verde antes de dormir pero con comida, etc. Otra categoría de lo más aquel es la de las operaciones, donde se demuestra quien ha sobrevivido a más anestesiólogos. También está la categoría de los gritones histéricos donde se demuestra su capacidad para hacer notoria la moronería evidente y casi siempre la persona está tan sobresaltada que uno supone que lo próximo es un ataque al corazón. Este paciente luego de poner por el piso a los médicos con sus comentarios dice: Pero gracias a Dios yo soy cristiana/o y por eso me mantengo tranquila/o.
Luego cuando pasan al médico le dicen - Doctor...doctor, porqué la gente me ignora.
El doctor le contesta-Que pase el próximo.
La realidad es que en ocasiones uno se cuestiona por qué tanta gente va a las médicos sin tener un síntoma que lo amerite para que cuando el doctor le diga- usted está saludable, no veo ninguna enfermedad, el paciente incomodado sale de su oficina y al regresar a la sala de espera comenta- ese mediquito (el tamaño sí importa) no sabe na'.
A veces es mejor pasar el tiempo escuchando historias medicinales en los centros de matasanos que pensar sobre la esterilidad cerebral. Ante esta terrible condición lo mejor sería la adopción (consejo para poliqueros). Dale cabezA.
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