Pienso que dentro de las palabras más aterradoras que un hombre pueda escuchar están: contribuciones sobre ingreso, tengo dolor de cabeza, despedido, ahora no, chequeo de próstata etc.
Tengo unos amigos, que por sus respectivas condiciones de salud, tienen que realizarce colonoscopías anuales. Suena aterrador, ¿Verdad? No solo por la enfermedad sino por el procedimiento. En la oficina donde se realiza tal sacrificio están presentes, el gastroenterólogo, sus asistentes, anestesistas y curiosos. Aunque uno esté sedado, el proceso se hace terrible cuando piensas en la cantidad de comentarios y pensamientos que uno tendría si presenciara tal evento. La vergüenza al exponer el alma a tales instrumentos para que se lo retraten y proyectarlo en una pantalla, (por el bien de la salud), no es algo que emocione a casi nadie (porque debe haber algún fanático de Shaka Zulu a quien le guste esta situación).
La vergüenza es ese estado emocional que te mantiene trinco cuando debes relajarte, es cuando se te queman las orejas por alguna humillación o cuando la pena se hace parte de la vida misma. Hay quien tiene poca o es un sinvergüenza. Los que hemos pasado por una Sala de Emergencias sabemos que la vergüenza no debe ser parte de la urgencia. Un, "bájese los pantalones"por una enfermera de voz gruesa es una orden que uno acata de inmediato para evitar complicaciones con la jeringuilla. Sencillamente pierdes la vergüenza.
Hace cinco años decidí realizarme la vasectomía, procedimiento sencillo, ambulatorio, que no requiere gran tiempo de recuperación pero es atormentante. Cuando saqué una cita para el procedimiento se me "olvidó" y no fuí, pero cuando escuché el testimonio de un conocido que en el proceso de decidir había encargado un tercero saqué una cita, a la que no falté, por supuesto. El doctor me explicó con dibujos y todo, cuando terminó me dijo
- "Tienes alguna pregunta".
Yo le contesté- "Sí, luego de la operación aún seguirá funcionando, ¿Verdad?
El me dijo- "¿Qué?, es broma...claro que sí, digo por lo menos esto no te debe causar ningún inconveniente".
Respiré hondo y dije- "sí, acepto".
El día del procedimiento llegué a la hora acordada y aún miraba a la cara de la gente. Recuerdo que cuando me llamaron entramos en la oficina, firmé mi última sentencia y me dieron las instrucciones: bájese los pantalones, acuéstese y relájese. Solo imaginense como me sentí ante tales órdenes. ¿Qué me relaje? No era tiempo de relajos,estamos hablando de algo muy serio y la enfermera pretendía que me relajara.
El doctor comenzó.
Me puso la anestesia.
Preguntó si estaba bien.
Le contesté que si.
La enfermera me dió unas almohaditas para apretar, aunque no dolía, estaba tenso (nada de relajado)
El relajo vino acompañado de la vergüenza.
Cuando el médico se dispuso a operar el otro lado la secretario abrió la puerta sin tocar exponiendo mis "joyas"al fresco del pasillo. La secretaria le preguntó al doctor que si tenía cambio y este le resiondió- No ves que estoy en medio de un procedimiento- mientras se salía del medio y señalaba mis...con sus manos enguantadas. Yo ni miré, no hice contacto visual para no sentir pena. Una cosa es la enfermera y otra la secretaria. No contenta con la respuesta regresó y realizó la misma pregunta y recibió la misma respuesta. Al salir no miré las caras de los restantes, ni de la secretaria, solo salí a entregar en un laboratorio cercano los pedazos que me sacaron.
Es la vergüenza la que reprime el impulso a violar las leyes y frena la voluntad de corrupción. Ya para Aristóteles la vergüenza y el rubor eran indicios inequívocos de la presencia del sentimiento ético. Cuando faltan, todo es posible. La vergüenza pública obligó a Nixon a renunciar a la presidencia. Cada cierto tiempo, vemos a ministros y a ejecutivos importantes teniendo que pedir la dimisión inmediata por actos vergonzosos. En Japón llegan a suicidarse por no soportar la vergüenza pública.
Mi vasectomía se convirtió en el factor que me hizo un sinvergüenza después de los treinta, imagino que la terminaré de perder al llegar los cuarenta y el urólogo diga: Israel Torres, pase... cómo se siente...relájese.
Así yo no relajo doctor. Dale cabezA.
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