Pipía, así la llamó la Karina cuando trataba de aprender a decir el nombre de su hermanita.
Nació un día como hoy hace 5 años a las 8 de la mañana. Cuando la vi pensé que iba a ser prieta, tenía el pelo rizo y los bembes grandes, que ignorante, los bebes nacen hinchados y aún tenía la grasa natural en su cabellera. Enigüey, lo que más me llamó la atención fueron sus enormes pies, eran una cosa que ni les cuento. Gracias a sus pies la reconocí cuando la trajeron al cuarto pues después de bañarla era "jincha", casi no tenía labio arriba, su pelo era bien negro y "puyú", pero sus pies seguían siendo enormes.
Siempre quise una niña y llamarla Alessandra, la tuve, pero Sofía...ese era el nombre para el otro encargo. Dos nombres de nenas lindas.
Sofía es mí princesita, mí flaquita, mí chiquinquirá, la popi, popita, la pelúa, mí niña, mí hija. Ya no tiene los pies enormes, ya es simétrica.
Con mis hijas aprendí que uno debe tener cuidado con lo que le pide a Dios porque te lo puede conceder. Pedí paciencia y apareció su madre; pedí paciencia por la madre y me llegaron dos nenas...ya dejé de pedir. Dale cabezA.
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