Dicen que la belleza es relativa...pero la fealdad no. Algunos hablan de una belleza interior, una que es imposible ver pero que esperan nos imaginemos. Cuando vemos un bebé o infante medio exótico, preferimos decir: "es de lo más aquel" o "mira, que curioso", de esta forma tratamos de evitar insultar.
La estíma juega un papel sumamente importante en todo este asunto de belleza. Los complejos son como "symbiots" adheridos en el alma que controlan gran parte de nuestras acciones. Ojalá hubiese un antídoto real que fuera por boca o por venas para esta condición más allá de la indiferencia y mirarse en el espejo y decirse cosas estupendas, darte una palmada en la espalda y hasta una nalgada para iniciar un día.
Cuando veo programas sobre cirugías plásticas solo pienso en las razones que motivaron el procedimiento, algunos justificados y otros lujuriosos, entonces comprendo que la hermosura es cuestión de tamaños.
Si se trata de tamaños entonces se "arreglan" las cositas por pulgadas. Pero que tal si sustituímos el bisturí por la lengua, (total cortan igual) y cambiamos el tamaño del significado o de las intenciones de algunas palabras. Los diminutivos se han convertido en alternativa a las cirugías plásticas por ejemplo: feito, gordito, bajito, enanito, narizoncito, orejoncito, dientonsito, bemboncito, calvito, piponcito, cabezoncito, mataito, curiosito, nalgoncito etc. Con estas palabras damos la impresión de que la ofensa es sin querer, queriendo. Pensamos que lo arreglamos si usamos el diminutivo. Sin embargo esta alternativa resulta más arriesgada pero más costoefectiva.
Nos han hecho creer que a las mujeres les fascinan los hombres fornidos, con gran masa muscular y claro que las hay pero ese énfasis en el tamaño hace que la belleza se reduzca a medidas. Como sea, la belleza seguirá siendo tan relativa como la inteligencia. Y que importa, hoy te vas a mirar en el espejo y te relajarás tus músculos y dirás gritando y riendo: mira que chicheeeeeeeeeeps. Dale cabezA.
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