miércoles, 13 de enero de 2010

Érase una vez...

Es un milagro que mi genereción, (la de los treintipico) sea "normal" después de sobrevivir a los cuentos que nos hacían de niño.
Algunos de estos ni los cuestionábamos porque lo importante era la moraleja.
Por ejemplo, un elefante orejón (anormal) que le sacó provecho a su "defecto" y voló. Dumbo tuvo que haber ocasionado más de un accidente en momentos de turbulencia estomacal.
Y que tal una hermosa joven conviviendo con siete (7) enanos, una bruja envidiosa y un espejo/marido que mentía para evitar ser abusado, estaba tan asustado que ni podía reflejar.
Que me dicen del lobo, no el travesti de la Caperucita sino el de los cochinillos. Tres "desarrolladores" puercos, el primero no murió de milagro tras hacer una casa de paja- desarrollador "afrentao" y maseta; el otro la hizo de madera- desarrollador que desconoce que los huracanes existen y el tercero que decidió construir un bunker. El lobo mutante, con la capacidad de soplar hasta destruir se le hizo tarde, debió atacar al ingeniero lechón mientras colocaba los ladrillos. Si este cuento hubiese tenido de escenario Puerto Rico el lobo se los comía en lo que ARPE daba los permisos.
Que les parece la ilegal Ricitos de Oro, invade un hogar, roba su comida y destruye propiedad privada. Y esperabamos piedad por parte de los osos. Si, claro.
Pinochio, quien se la creyó? Pobre Yepeto en vez de buscarse una mujer (como Michael Jackson) para tener hijos prefiere crear uno y el colmo es que el ingenuo de Pinochio creía que era humano con cerebro de aserrín y neuronas de astilla.
Imaginen este titular:
Muere la Cenicienta
"Ha fallecido quien en vida fuera Cenicienta debido a las heridas causadas por una explosión dentro de su cuerpo cuando después de la media noche el tampón se convirtiera en calabaza".
Gracias Disney, tv, maestros, bibliotecas, papi, mami y todos aquellos responsables de que mí generación trentona sea una "normal". Dale cabezA.

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