“Esto es así no es una ciencia, pero pensándolo bien hay que tener experiencia, pues nos roban la memoria, nos cuentan otra historia, no esta.”- Roy Brown
Mafalda le cuestionaba a su madre el porqué, luego de un gran día (su primer día de clases, por cierto) tenía que comer sopa. La madre de Mafalda le respondió: “Porque lo ordeno yo.” A lo que Mafalda replicó: “Si es cuestión de títulos las dos nos graduamos el mismo día, ¿o no?”
Sé que en más de una ocasión hemos escuchado, a través de nuestra existencia, la respuesta a un porqué, con un, “porque lo digo yo”. Desde la forma más elemental de autoridad, nuestros padres, hasta la terrible “mísi” que nos daba reglazos y colocaba frente a una pared para “reflexionar” sobre lo que habíamos hecho, todos hemos experimentado el poder de la autoridad y su despliegue de fuerza.
Ante este último ejemplo recuerdo la vez que en cuarto grado, allá para el 1983, haciendo uso de mis talentos en ingeniería aeroespacial, me dedicaba a construir aviones de papel, siendo la picúa una de mis favoritas. En una tarde construía una de éstas, dibujándole leones y sirenas para embellecer mi súper avión, como si se tratara de uno de la Segunda Guerra Mundial. Se me ocurrió la brillante idea de lanzarlo en el aula, así que llamé a algunos de mis compañeros para que presenciaran tal evento. Lo lancé, y como pareciendo parte de una película en cámara lenta, y con la música de fondo de Space Odissey 2001 pude ver la picúa y sentirme orgulloso de mí creación, así como ser testigo de la expresión en la cara de mis compañeros que apoyaban tal gesta. La picúa dio sus vueltas y se dirigió directamente hacia el escritorio de la “mísi”, quien aprovechaba ese periodo para leer el gigante periódico El Mundo, tan difícil de manejar por su tamaño. La picúa se aproximaba rápidamente hacia ella, de pronto desapareció. La “mísi” bajó el periódico y nos reveló el lugar exacto del aterrizaje…su gigantesco afro. Acto seguido bajó sus espejuelos y divisó a los posibles culpables, nos miró con unos ojos de furia, pues no pudimos contener la risa ya que aun no se había quitado el avión de su afro. Comenzó a interrogarnos y al llegar hacia mí me preguntó en tres ocasiones si yo lo había hecho, me sentí como San Pedro ante la pregunta de Cristo, “¿Me amas?” a lo que yo insistí con que nada tenía que ver, hasta que un soplón (siempre hay uno) me culpó con la vista. La “mísi” me mandó a poner de pie, me dijo que extendiera el brazo derecho, abriera la mano y haciendo uso de su poder me dio mis primeros cinco reglazos.
¿Por qué? ¿Cuál había sido el delito? Yo no le había hecho daño a nadie, ¿Porqué entonces tenía que pagar con castigo físico una inocentada que casualmente concluyó con un “afrizaje” forzoso en la densa jungla cabelluda de la “mísi”? La explicación reside en que la maestra necesitaba demostrar su autoridad en el salón mediante el uso de la fuerza y el poder delegado por nuestros padres, así como el apoyo de la institución, con el fin de disciplinar o debo decir de formar mentes que se sometieran sin cuestionamiento al sistema de control que utiliza la fuerza y el poder como la base para la autoridad. De esta misma forma Mafalda sabe que su madre tiene la capacidad para ordenar pero la enfrenta con argumentos sencillos pero contundentes retando la autoridad que el título MADRE contiene.
La relación entre la expresión, la ley y el orden es la de un matrimonio que permanece junto por el bien de los hijos aunque sean incompatibles. ¿Cómo se puede limitar la expresión? La respuesta es, penalizándola por ley, ya que esta jamás podrá ser libre.
Elementos de control social.
Teoría de un caos social inminente.
Necesidad ineludible.
El ménage à trois entre: fuerza, poder y autoridad se puede comparar al del corazón, sangre y pulmón, inseparables e indispensables para el orden del cuerpo humano, su funcionamiento y su purificación. La fuerza, poder y autoridad se seducen entre sí creando un vínculo casi inseparable. Para que un estado, hogar, escuela, organización religiosa, credo y/o milicia, pueda funcionar, para lo que fueron constituidas como componentes sociales, es imprescindible la presencia de este trío.
Aprendemos estos tres conceptos desde nuestra temprana edad y los percibimos como algo normal durante nuestras etapas de crecimiento. Los transmitimos de padres a hijos y si uno de estos protesta y cuestiona el porqué de una actuación en la que se recurre a la fuerza para sostener la autoridad les respondemos… “porque lo digo yo”.
En el caso de la ley y el orden, se suele tener como consideraciones principales la civilización, la que algunos definen como ausencia de barbarie y la barbarie considerada como reflejo social del caos. Así que si se es civilizado se sigue un estricto código de normas para mantener el orden. Aquellos que retan la autoridad por entender que es injusto entonces se les increpan sobre la ley y el orden. En otras palabras, ante las injusticias hay que quedarse callado porque estamos bajo la ley y el orden. Lo curioso de los países que se jactan de ser “civilizados” es que arreglan sus asuntos a través de la demostración de poder. La guerra ha sido el vehículo oficial de los países civilizados imponer su autoridad.
En cuanto a la ley me pregunto:
¿Qué es la Constitución de un país?
–Un pedazo de papel.
¿Qué es una ley?
–Un pedazo de papel.
¿Sin alma, sentimiento ni corazón, a merced de aquel que se atreva a romperla o quemarla? ¿Si el material sobre el cual está escrito un código de leyes es mutilado, roto o quemado por algún ser, dejaría de existir el código? Tomemos por ejemplo el instante en el que Moisés tira las ordenes en piedra que Jehová le entregó, ¿El hecho de quebrar el material sobre el cual se escribieron las leyes significó que la ley quedó sin efecto? No. La Ley se reescribió, ¿Para qué?, para que constara su existencia.
Las leyes existen porque existen humanos que viven en sociedad y para organizarla se utilizan códigos que la ordenen. La mayoría de estas concepciones han sido personales y de interés para aquellos que las redactan, en la mayoría de los casos por seres humanos con mayor poder adquisitivo, quienes velarán por sus intereses y la creación de un código que las garantice. De esta manera el documento hace constar la existencia.
Sin embargo, ¿dónde radica la autoridad de éstas? En el poder que solo el uso de la fuerza puede brindar. Por ejemplo, ¿qué sucediera si yo tiro basura en un área que tiene un letrero que dice- “Prohibido tirar basura $1,000 de multa” o me estaciono en área de impedidos sin yo serlo, o me “como” una luz roja o, peor aún, atropello un peatón? Entonces el peso de la autoridad y no de la ley, cae sobre mí en la modalidad de la ejecución del poder a través del uso de la fuerza.
Las protestas son suprimidas en nombre de la ley y el orden así como las expresiones verbales, corporales y escritas, las que creemos está protegido por el código de leyes “suprema”, la Constitución.
¿Dónde reside entonces la justicia en un país de ley y orden? ¿En sus leyes?
¡No!
En la AUTORIDAD.
Un patrón tan repetitivo como hacer más seres humanos, y resultando en tarea difícil el esquivar tal responsabilidad, me guste o no me guste. Sin embargo, fácilmente cuestionaremos la autoridad y sus alegadas injusticias cuando estemos en la parte de abajo de la rueda, pero nos incomodará la protesta cuando estemos en la parte de arriba de esta.
Siempre habrá opresores y oprimidos, cultura y contracultura, autoridades y desautorizados, protectores de la ley e infractores de la misma, ordenados y desordenados.
Vaya lío. Dale cabezA…continuaremos.
Qué postura tan intersante la suya... ley poder, autoridad...pulmón corazón sistema circulatorio. Males necesarios que desde los tiempos griegos tratamos inefectivamente de resolver
ResponderEliminarMales necesarios desde que se registran hechos humanos. Gracias por comentar.
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