Un anónimo dijo: "no soporto a la gente que no da la cara".
Cuando me pongo a pensar en lo que conlleva ser valiente me llega a la mente personajes bíblicos, mitológicos, históricos, locos, literatos y locales. El peligro de ser valiente es el riesgo a sufrir y por eso los bravos han sido pocos. La verdad es que sangrar duele y no todos están dispuestos a hacerlo, a menos que sea de forma espontánea, natural e ineludible.
En la interesante película Wachtmen, el personaje de Rorschach retó el acuerdo propuesto por Night Owl para que los presentes se comprometieran a guardar el terrible secreto de la verdad, diciéndoles: "Nunca me comprometeré aunque esté frente al mismísimo Armagedón". La paga por su valentía fue la muerte por estar de parte de la verdad aunque se desplomaran los cielos.
En muchas ocasiones he escuchado el grito- ¡Patria o muerte, venceremos!- Los intentos de liberación requieren sacrificios y la búsqueda de esta necesita de justicia. Aquellos que han liderado movimientos de liberación nacional se han comprometido para lograr este objetivo. La justicia ha estado presente en estos movimientos, el problema es que el balance propuesto para el funcionamiento de esta va a depender de quien la imparta y del lado de la balanza en la que se encuentre el que reclama injusticia.
Pero existe un invento humano, que para algunas ha sido uno de represión, sin embargo pienso que es uno justo. Este invento ha oprimido a los grandes, ha ayudado a los pequeños y ha levantado a los caídos, les presento el brasier. Dale cabezA.
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